miércoles, 31 de diciembre de 2014

Sube por la mañana.... y preséntate allí sobre la cumbre del monte.” Éxodo 34:2

Sube por la mañana.... y preséntate allí sobre la cumbre del monte.” Éxodo 34:2

La mañana es el tiempo señalado para que encuentre al Señor. La misma palabra mañana, es como un buen racimo de uvas. Estrujémoslas y bebamos el vino sagrado. ¡Por la mañana! Entonces, Dios desea que me encuentre tan fortalecido como me sea posible y con una gran esperanza. No tengo que trepar con mi debilidad. Por la noche entierro las fatigas del ayer, y por la mañana renuevo mis energías. ¡Bienaventurado es el día, cuya mañana ha sido santificada! ¡Dichoso es el día cuya primer victoria se ha ganado orando! ¡Santificado es el día cuya aurora te encuentra en la cumbre de la montaña!
Padre mío, a Ti me dirijo. Nada que se encuentre en la vil llanura impedirá que llegue a las alturas sagradas. Acudo a Tu llamamiento, así que estoy seguro que Tú me encontrarás. El ir por la mañana a la montaña me fortalecerá y alegrará todo el resto del día que ha comenzado de tan buena manera.
Joseph Parker

Mi madre tenía la costumbre de marcharse todos los días a su habitación tan pronto como se terminaba el desayuno. Y allí, se pasaba una hora leyendo la Biblia, meditando y orando. De aquella hora, sacaba como de una fuente de agua pura, la fortaleza y la dulzura que la habilitaba para cumplir con sus deberes y permanecer tranquila de las molestias y pequeñeces que a menudo son las pruebas con que hay que enfrentarse en ciertas vecindades. Al pensar en su vida y en todo lo que tuvo que sobrellevar, entonces puedo ver el triunfo de la gracia Cristiana en el grandioso ideal de una mujer Cristiana. Jamás la vi enfadada, ni la oí pronunciar una palabra de ira, ni calumniar, ni criticar. Nunca observé en ella ninguna señal de un sentimiento impropio de un alma que había bebido del río de agua de la vida y que se había alimentado del maná en el estéril desierto.
Farrar

Da a Dios la flor del día. No le des las flores marchitadas.

martes, 30 de diciembre de 2014

Ellos miraron...y he aquí, la gloria de YHWH que apareció en la nube.” Éxodo 16:10

Ellos miraron...y he aquí, la gloria de YHWH que apareció en la nube.” Éxodo 16:10

Acostúmbrate a buscar el color plateado de la nube y una vez lo has hallado continúa mirándolo, mas que el color gris plomo que hay en el centro.
No te desalientes por muy oprimido y sitiado que puedas encontrarte. El alma que se desalienta no puede hacer nada. Ni puede resistir la astucia del enemigo cuando se encuentra en tal estado, ni puede prevalecer rogando por otros.
Huye de este mortal enemigo como huirías de una víbora, y no tardes en volverle la espalda a no ser que quieras morder el polvo de una derrota desastrosa.
Busca las promesas de Dios y di en voz alta de cada una de ellas: “Esta promesa es mía” Si aún experimentas un cierto sentimiento de duda y desaliento, derrama tu corazón en Dios y pídele que reprenda al adversario que te está haciendo sufrir tan despiadadamente.
En el mismo instante en que te desprendas de todo síntoma de desconfianza y desaliento, el bendito Espíritu Santo vivificará tu fe y alentará tu alma con fortaleza Divina.
Al principio no te darás cuenta de esto, pero una vez que te propongas a “rechazar” resueltamente y sin compromiso alguno cualquier tendencia de duda y abatimiento que te asalte, entonces reconocerás que el poder de las tinieblas va decayendo.
Si nuestra vista pudiese contemplar la falange tan sólida de fortaleza y poder que existe detrás de cada revuelta en que se hallan los ejércitos de las tinieblas, entonces prestaríamos muy poca atención a los esfuerzos que realiza el astuto enemigo para afligirnos, abatirnos y desalentarnos.
Todos los atributos maravillosos de la Divinidad están de parte del creyente debilitado, que en el nombre de Cristo y con una confianza sencilla semejante a la de un niño, se entrega a Dios y acude a El implorando Su ayuda y guía.
Seleccionado
Cierto día de otoño vi un águila mortalmente herida a consecuencia de un tiro de escopeta. Sus ojos aún brillaban como un círculo luminoso. Haciendo un esfuerzo volvió su cabeza y dio una mirada mas hacia el firmamento. Ella había revoloteado frecuentemente por aquellos espacios estrellados. El bellísimo firmamento era la morada de su corazón. Millones de veces había realizado hazañas por allí con su espléndida fortaleza.
En aquellas alturas lejanas había jugado con el relámpago y corrido con los vientos. Y ahora, alejadísima de casa, yacía moribunda porque una vez se olvidó y voló demasiado bajo. Esa águila es el alma. Este mundo no es su casa. No debe perder de vista su mirada hacia el cielo. Debemos de guardar a Cristo en nuestros corazones. Si no vamos a ser valientes, entonces debemos retirarnos arrastrando del campo de batalla. El alma no tiene tiempo para los estampidos. ¡Alma mía, no quites tu mirada del firmamento!

Nunca veremos el sol naciente si guardamos la vista en el poniente.
Proverbio japonés.

martes, 16 de septiembre de 2014

“Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.” Eclesiastés 11:3

“Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán.” Eclesiastés 11:3


No debemos temer a las nubes que ahora oscurecen nuestro cielo. Es cierto que durante un poco de tiempo ocultan el sol, pero el sol no se extingue, a los pocos momentos vuelve a aparecer. Mientras tanto, aquellas nubes negras están llenas de lluvia, y cuanto mas negras son, es lo mas probable que derramen infinidad de chaparrones.
¿Cómo podemos obtener la lluvia sin que haya nubes? Nuestras turbaciones siempre nos han traído bendiciones y siempre continuarán trayéndonoslas. Son los vehículos portadores de la gracia divina. Estas nubes no tardarán mucho en descender y toda hierba delicada se alegrará inmensamente por la lluvia. Nuestro Dios podrá empaparnos con aflicción pero nos renovará con misericordia. Frecuentemente, las cartas amorosas de nuestro Señor llegan a nosotros en sobres de luto. Sus vagones pueden crujir, pero están cargados con beneficios. Su vara produce flores preciosas y frutos nutritivos. No nos atormentemos por las nubes, sino al contrario, cantemos por que las flores de Mayo las recibimos por medio de las nubes y las lluvias de Abril.

¡Oh, Señor, las nubes son el polvo de tus pies! ¡Cuan cerca estás de nosotros en los días de tribulación y necesidad! El amor te contempla y se regocija. La fe ve a las nubes descender y alegrar a las colinas por todas partes. 
C. H. Spurgeon 

El espacio azul de los cielos es mayor que las nubes.